FRANQUICIADOS QUE FRACASAN (parte II)

José Zamarro.
Asesoramiento y ayuda al Franquiciado Pérez Alvarez Abogados.

Malos comerciantes o víctimas de una estafa.

Sobre el dolo del Franquiciador

La apariencia de negocio.

En la primera parte de esta serie de post, nos referíamos a la cantidad de empresas Franquiciadoras que aún conscientes de su nula rentabilidad insisten en seguir captando franquiciados. El aparente éxito del que hacen gala tan solo se sustenta en el número de franquicias que mantienen abiertas, razón por la cual casi nadie duda del modelo.

Las características principales que definen a estas franquicias son las siguientes:

– La mayoría son empresas jóvenes que se han desarrollado de manera exponencial en pocos años.
– Sus cuentas de resultados son generalmente malas.
– Explotan pocas franquicias propias. Su red está en manos de los Franquiciados.
– La mayoría de los Franquiciados acumulan pérdidas.
– Sufren continuos cierres y traspasos, que son compensados con nuevas aperturas.
– Los propietarios de estas empresas tienen como objetivo crecer para después vender a fondos de inversión, obteniendo grandes plusvalías.
– Cuentan con departamentos de marketing muy potentes que trabajan sin cesar en la búsqueda de nuevos Franquiciados. Algunas de estas empresas franquiciadoras incluso han encontrado en determinados colectivos (inmigrantes de otros países) un gran filón. Se dirigen a ellos por cualquier medio, incluso embajadas, para empezar a ofrecer su modelo de negocio, antes de que hayan puesto los pies en nuestro país.

El ánimo de lucro y el engaño bastante, como elementos necesarios para que se produzca la estafa.

Desde nuestro punto de vista existe base real para afirmar que estas empresas actúan de mala fe. No podrían sino seguir entregando cifras falsas con los planes de apertura, cuando conocen las rentabilidades reales obtenidas por sus franquicias.

El RD 201/ 2010 de 26 de febrero que regula la actividad comercial en régimen de franquicia, establece que en caso de entregarse cifras de ventas e ingresos, estas deben estar basadas en experiencias reales obtenidas de otras unidades de la enseña y en estudios que estén suficientemente fundamentados.
Cuando estas empresas franquiciadoras entregan como verdaderos, datos que en realidad no lo son, u ocultan otros, obran dolosamente y así lo entiende el Tribunal Supremo en reiteradas sentencias.
En el delito de estafa, el sujeto activo sabe desde el momento de la celebración del contrato, que no podrá o que no querrá cumplir con la contraprestación que le incumbe.
La criminalización de los negocios se produce entonces cuando el propósito defraudatorio es anterior o simultáneo, a la celebración del contrato y es suficiente para mover la voluntad de la otra parte, en este caso consiguiendo que el comerciante firme un contrato de franquicia.
Este propósito de dolo, coincide con la acción de engaño cuando el Franquiciador muestra su negocio al futuro franquiciado como verdadero, sin que en la realidad sea así.
El ofrecimiento o promesa que de forma expresa o no, siempre hace el Franquiciador al comerciante, en base al cual replicando su modelo obtendrá éxito, es el que a nuestro entender marca la diferencia entre el incumplimiento contractual y la comisión del delito de estafa.
Continuaremos.